Versos y prosa desde Gaza

El grito

Tu grito. Fue uno. Ininterrumpido. Un grito cuya intensidad crecía.
Fueron cinco segundos; en el quinto, el grito se agarrotó en tu garganta y no pudo salir ni seguir creciendo.

Isabel, van a bombardear nuestra casa. Ese fue el inicio del grito. A la última sílaba de la palabra ‘casa’ le siguió la primera nota ascendente de tu garganta.

Fue un grito telefónico, desesperado, que buscaba de mi consuelo y ayuda. Pero no hubo tiempo y solo dije tu nombre.

Cuando se cortó la llamada no podía moverme. Seguía repitiendo tu nombre, en silencio. Me abrazó la ira y la tristeza… y las aparté. Y llamé. Todavía retumbaban en mis tímpanos el sonido de un misil cayendo sobre tu casa; la transitoriedad de su silbido y tu grito terminaron al unísono. Hasta mis pies se alzaron de la tierra por oír el impacto.

Y yo llamaba.

El intervalo entre tono y tono de llamada me parecían un millón de años. Y cuando contestaste te hice la estúpida pregunta de si estabas viva.

[Isabel Pérez |Gaza , 17 de agosto 2014]


La guerra de los subterfugios

Con el primer subterfugio bombardearon nuestros huertos y campos.
Con el segundo asesinaron a nuestros hermanos combatientes y, con ellos, a sus madres.
Con el tercero mataron a nuestros niños y niñas mientras jugaban o dormían.
Con el cuarto subterfugio destrozaron nuestras casas, muchas vacías. Luego las mezquitas, los cementerios cristianos y las bibliotecas religiosas.

Con el quinto, lanzaron obuses contra nuestros colegios, los azules, los de las organizaciones de Naciones Unidas que siguen manteniendo viva la estúpida resolución pacífica de este conflicto. Pero con el sexto los obuses cayeron sobre gente que había perdido sus hogares y estaban refugiados en esos colegios. Dejaron los recreos llenos de carne y sangre humana.

El séptimo subterfugio llegó, y con él, el bombardeo de casas sin previo aviso. Más de 60 familias asesinadas, desaparecidas para llenar las tumbas horizontales de los cementerios de la Franja de Gaza.

Octavo subterfugio, más combatientes, en sus coches, motocicletas… calcinados. Sus cuerpos en la misma postura, sentados pero negruzcos, sus calaveras – si las hay- a punto de caer del cuerpo… Todo esto sin importar que vayan con ancianos, mujeres o niños. No, no importa. Todos son terroristas.

Y, mientras continúan los subterfugios, siguen llegando a los hospitales restos de brazos, piernas, niños de escasos meses o años de vida con el cráneo destrozado, bebés con metralla por todo su delicado cuerpo. Llegan también mujeres con partos desavenidos, con su feto muerto. Llegan ancianos vestidos de blanco que pensaban haber muerto tranquilamente en su cama. Llegan mareas de gente al paso de Rafah con Egipto pidiendo que se abran las puertas para salir del infierno.

Todas las veces que tú has visto una noticia de Gaza desde tu casa yo tenía náuseas por el olor a cuerpos descompuestos, a cerebros esparcidos, a muerte, humedad, calor, pólvora, gases tóxicos… O estaba saltando al suelo por una explosión, corriendo con el coche porque nos alcanzaban los obuses, trabajando 20 horas seguidas para escribir o editar un reportaje sobre los letales subterfugios de Israel.

[Isabel Pérez |Gaza , 4 de agosto de 2014]

Dime, ¿cuándo iremos a Jerusalén?

Hoy no prosperaba el aire y solo las hormigas podían seguir su camino.
En Beit Lahiya las puertas estaban cerradas. Los viandantes gruñían y corrían despacio.
Los amantes se gritaban, y se menospreciaban.

Y yo te preguntaba, impaciente… Dime, ¿cuándo iremos a Jerusalén? Dime, ¿cuándo iremos?

Cuando las alambradas de facto se rompan y la línea sea naturalmente verde… Entonces iremos.
Cuando el hafif* sea continuo, de Gaza a Hebrón. Entonces iremos.
Cuando el “bypass” no exista y se abra el camino a todos por igual. Entonces iremos.
Cuando mi nombre ya no esté escrito en tinta roja. Entonces iremos.

Entonces, ¿nunca iremos?

Si sigues pensando así… No, nunca iremos.

*Hafif:حفيف (en árabe) sonido producido cuando el aire corre entre las espigas de trigo en el campo.

[Isabel Pérez |Gaza , sin fecha]

Somos libres

Sí, somos libres.
A pesar de lo que penséis, somos libres.

Somos libres para pensar y criticar al enemigo. Somos libres.
Somos libres para echar una siesta en Beit Lahiya. Somos libres.
Somos libres para buscar espárragos silvestres en Johr a-Dikk. Somos libres.
Somos libres para comer higos chumgos y dátiles en Deir al-Balah. Somos libres.
Somos libres para cerrar los ojos y soñar. Somos libres.

¿Quién os ha dicho lo contrario? ¡Sí, somos libres!

Somos libres para rezar y no rezar. Somos libres.
Somos libres para reír y bostezar. Somos libres.
Somos libres para llorar a nuestros muertos. Somos libres.

Y tú no tienes poder para decirnos quién es el mártir de nuestra causa. Tú no eres libre para encerrarnos porque somos libres, somos libres en el aire, el mar, en nuestra tierra.

Somos libres incluso para esperar hasta llegar a ser libres.

[Isabel Pérez | Gaza ]

Sin vino

En Gaza no hay vino, me dicen. Y yo les digo: en Gaza no hay vino porque no hay nada que celebrar. Cuando haya algo que celebrar, entonces habrá vino.

[Isabel Pérez | Gaza ]

¿Qué día es hoy?

He esperado sesenta y seis veces 365 días
Para saber qué día es hoy
Mientras me refugian en los concentrados
Campos de hormigón.

Ojalá pudiera trepar la vida
Para buscar de aquí una salida.
Ojalá pudiera pisar el mar
Para no volver a naufragar.

Hoy me he acordado
Que me dejé sobre el césped el té con menta
Que olvidé la cartera
Encima de la mesa.
Que no corté las malas hierbas.
Que no regué las flores de mi abuela.

Que me dejé la sudadera del colegio sin doblar.
Y la radio sonando tambores de guerra
Sin apagar.

Cuarenta y ocho horas después
De olvidarme de todo esto,
Me disculpé huyendo bajo el fuerte fuego.

En un sicomoro vi llorar a una joven
Que desconsolada ayudaba a su hermano a dormir.

Fue la nana más triste jamás cantada.

El comienzo de un futuro
Que terminó con coartada.

Mis manos se volvieron negras y hasta hoy
Sigo buscando cómo limpiarlas
De tanto dolor.

Y hoy que estamos a 6 de mayo,
No puedo sino preguntar ¿Qué día es hoy?

Porque no logro encontrar la razón
Por la que tuvimos que huir
Dejando nuestro hogar y nuestro amor.

[Isabel Pérez | Gaza, 6 de mayo de 2014]

El colono resguardado

Tú te resguardas dentro de un búnker. Nosotros nos arrimamos a los árboles.

Tú te resguardas dentro de un búnker y corres cuando oyes las sirenas. Para nosotros las sirenas son vida.

Tú te resguardas dentro de un búnker y tranquilo abres la Tora. Nosotros perdemos todas las páginas de la creación con uno sólo de tus quejidos.

Y cuando por las noches se oyen los zumbidos de los drones, soñamos que son pájaros salvajes, que son pacíficos, que son ángeles.

[Isabel Pérez | Gaza, Sin Fecha]

La cárcel

Arrodillados, mirando sus rodillas
Con la espalda acorvada, pero sin acobardarse
Están los presos de vida fulminante y dormida.

Soñaban todos alcanzar su meta
Un éxito, quizás mortal, pero la meta.
Sin dudas estaban y ahora navegan en ellas
Por amor a su patria enterrada.

No existe, no debe existir la monotonía.
Ya que la cárcel es como un huracán:
Te atrapa, te da vueltas y luego te expulsa con violencia
Sin saber en qué lugar caerás.

El fugitivo es casi una mentira
Pero el preso es toda valentía.

De la cárcel sale arte, del arte la esperanza,
De la esperanza se abren los candados
Los candados de la muerte
Muerte fría y violenta de los mártires.

La cárcel

Hay vidas que por ti no mueren,
Cárcel lúgubre y fría.

La cárcel es un viaje con obstáculos
Un viaje atado con cadenas que dañan
Un viaje que te tira al suelo en cada curva.

La cárcel es un despertar de emociones,
Un agitador de ideas y sensaciones.

Y el preso que miente
Es el preso constante
Que ve pasar sus días
Embarretonado en una jaula de por vida.

En la cárcel unos van y otros vienen,
Al incesante traslado de bienes…

La válvula constante de toses, quejidos y gemidos.
El silencio no existe, como no existe lo íntimo.

Porque solo cuando das y ofreces, eres alguien.
Solo entonces vives, aunque no veas a nadie.

En la cárcel, las caras cruzan y se disbujan en la mente.
Quedan ideas vagas y preconcebidas
Del paso de los años de sus gentes queridas.

Y el salir es una explosión y un desvanecimiento.
Un despertar de una pesadilla
Que quedará siempre en la memoria del preso,
Que sigue sin temer a la vida

Ni a la libertad condicionada de su patria querida.

[Isabel Pérez| Gaza, 1 de marzo de 2013]

Verde Gaza

Verde Gaza.
Tranquila de noche y llena de alboroto de día.

Verde Gaza sitiada.
Sin descanso, cada día, tus gentes se involucran en mentiras de un futuro sin saber.

Conociéndote poco puedo llegar a ver
Que fuiste grande, productiva y fértil.
Que lo sigues siendo, pero de manera mermada.
Que eres como un grito ahogado bajo el agua.
Un agua azul, brillante y cegadora.

Verde Gaza.
Tus chiquillos no saben nada.
Y ríen y gritan con sus mochilas,
Sus hijab blancos
Y sus zapatillas embarradas.

Verde Gaza indestructible.
Con calidad poco humanista,
Muchos penetran en tu vida
Ofreciendo polvo con billetera contrabandista.

Sin bacilar escoges a todos,
Sin dudar, abrazas cada palabra de alivio.

Verde Gaza.
Tu tierra no la merecemos
Quizás sí la generación que precedemos.

Pero debemos seguir aquí,
¿Podremos seguir así?
En la verde Gaza engatusada
De bonitas palabras
De Libertad robada.

[Isabel Pérez | Gaza, 11 febrero de 2013]

Ruge el cielo

Ruge el cielo
Y los niños corren.

Ruge el cielo
Y los adultos se agarran a los niños.
Pues de la mano de un niño está la vida
Del suspiro de los recuerdos, la muerte.

Ruge el cielo
Amparado por los países occidentales.
Y ruge también el mar.
Silenciados los corazones
Los adultos echan a llorar.

Y un niño grita: ¿Qué pasa mamá?
Ellos se llevaron a mamá…

Se llevaron el olor de pan, aceite y tomillo.
Se llevaron el perfume del café
El cardamomo de una caricia.
Se llevaron la esencia de las manos
Que huelen a carne, a pimiento
A vida.

Y el cielo sigue rugiendo.
Ya desiste.
Ya dejan de volar los cazabombarderos
De la estrella azul celeste
Manchada de sangre inocente.

Se han marchado, dice una niña.
Se han marchado, dice su tía.

Mientras, suavemente, casi sin tocarla
Le impregna con aceite
El cuerpo de llagas quemadas.
El cuerpo de fósforo cuyas marcas
Son las marcas de los hilos de humo
Que van dejando las máquinas
Que rugen en el cielo.

[Isabel Pérez| Gaza, Sin fecha]

2 pensamientos en “Versos y prosa desde Gaza

  1. […] Versos escritos desde la Franja de Gaza. Los iré incluyendo en esta página nueva de Gazeitunas:  https://gazeitunas.wordpress.com/versos-y-prosa-desde-gaza/ […]

  2. Mussa'ab dice:

    Autentico y meticuloso

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